Empezamos el año 2017 con un poco de retraso, pero con las pilas cargadas. Seguimos trabajando para poder informar sobre los acontecimientos más relevantes sobre el cuidado de los niños/as en riesgo de padecer heridas o que ya las padecen.

Como no podía ser de otra forma, empezamos hablando de uno de los temas más candentes…

¿Usamos los apósitos de miel en la población más vulnerable?

No haremos un recorrido por la historia y usos de la miel en las heridas, pues sabemos que nuestros lectores ya llevan tiempo leyendo sobre este tema. Cada uno de nosotros utilizamos los productos sanitarios de miel según el alcance que podamos tener a los mismos. En general, los productos de miel son soluciones saturadas de azúcar derivada del néctar y modificado por las abejas. La miel tiene características que le proveen la habilidad de desbridar de forma efectiva heridas con carga desvitalizada. Pero es sobretodo la miel de Maluka la utilizada para fabricar dichos productos sanitarios. Esta miel -Leptospermum honey (ALH)- procede del polen y néctar del árbol del Leptospermum, árbol nativo de las Islas Rim del Pacífico así como de Nueva Zelanda y Australia. Esta miel contiene de forma única el methylglyoxal y dependiendo de su concentración podemos graduar su actividad sobre las heridas.

La miel comestible que se vende en supermercados no cumple los requisitos para ser usada en heridas. Solo la miel de Maluka ha demostrado su eficacia.

Nuestro interés sobre este tema es debido a la publicación de un caso clínico relacionado con el uso de estos productos con miel en la población neonatal.  El estudio “Flaccid paralysis in an infant associated with a dirty wound and application of honey” publicado en diciembre del 2016 en Open Access por Charlotte Jane Joseph, Teik Beng Khoo y Keng Yee Lee en la revista BMJ Case Rep, nos informa sobre un efecto adverso relacionado con el uso del producto con miel.

La miel del árbol de Maluka. Autor Imagen: Pablo Garcia-Molina.

La miel del árbol de Leptospernum (Maluka). Autor Imagen: Pablo Garcia-Molina.


Seguro que todos hemos oído hablar sobre el riesgo de botulismo relacionado con la miel. El primer caso en pediatría se reportó en California (Estados Unidos de América) en 1976. El botulismo infantil ocurre cuando las esporas de Clostridium botulinum se convierten en en neurotoxinas botulínicas dentro del torrente sanguíneo. Para ello los productos de miel deben tener presentes esas esporas. Y este es un factor esencial para poder entender el caso clínico -que a continuación explicaremos-, según la opinión del autor de este post.

En la población neonatal debemos vigilar de forma exhaustiva la aplicación de nuevos productos. Dr. García-Molina.

El neonato en cuestión tenía 36 semanas de EG con u peso al alta de 2,52 Kg. A los pocos días de ingreso (sospecha de sepsis) se da de alta y al 10º día de vida volvió a ingresar por fiebre y una úlcera en la zona del ombligo (en el artículo podéis ver la fotografía). Se le trató inicialmente con penicilina y cloxacilina de forma intravenosa. De forma tópica se decidió el uso de un apósito de miel. A los 30 días de vida la herida empeoró y fue necesario realizar desbridamiento quirúrgico por desarrollar una fascitis necrotizante.   Tras la operación se mantuvo intubado por mantener una hipotonía general y no tener reflejos. El equipo de salud diagnóstico el botulismo infantil basándose en las pruebas clínicas y su evolución, más allá de los cultivos de sangre negativos realizados. Una vez tratada la causa, el neonato mejoró en una semana (se extubó).

En este caso los autores dejan claras las sospechas sobre la seguridad de este tipo de apósitos en su contexto sanitario (Malasia). Es difícil pensar que el apósito utilizado estuviera contaminado desde el principio, es más plausible pensar que una vez abierto el apósito pudo contaminarse y luego infectar al neonato. A pesar de esta sospecha, los autores sí refieren que el botulismo no es una enfermedad habitual en su país, y por tanto podemos pensar que los autores dan a entender que el origen es la manipulación del propio apósito por parte de los profesionales sanitarios.

Niña en la granja. Autor: Pablo García-Molina

Niña en la granja. Autor: Pablo García-Molina


Más allá de dar la voz de alarma respecto a la seguridad clínica de estos apósitos, desde el grupo científico upppediatria.org queremos informar sobre la existencia de otros estudios que sí hablan sobre la seguridad de estos productos en pediatría. Así por ejemplo, el artículo “Safety and efficacy of active Leptospermum honey in neonatal and paediatric wound debridement” de la autora R. Amaya, publicado en el Journal of Wound Care en 2015, nos informa sobre un estudio retrospectivo multicéntrico realizado sobre 36 neonatos y 79 niños/as. Los individuos con heridas recibieron el tratamiento con un apósito de miel específico. No reportaron ningún efecto adverso y sí pudieron afirmar que más del 80% de los neonatos y niños cerraron completamente las heridas. La autora pudo afirmar que el uso de este apósito es seguro y efectivo en la curación de heridas en pediatría.

The results of this study support ALH as a safe and effective treatment option in this group of patients. R. Amaya

Ahora bien, más allá de las limitaciones metodológicas (estudios retrospectivos y casos clínicos aislados) de los estudios presentados y sus divergentes resultados, sí debemos hablar sobre el especial cuidado que tenemos que prestar a los niños con heridas a los cuales se les aplican nuevos tratamientos. No solo aquellos impregnados con algún tipo de antiséptico, si no también a aquellos que tienen cualquier otra sustancia a la cual el niño o neonato sea sensible. Por tanto, la recomendación para evitar estos efectos indeseables es que cada vez que iniciemos una cura con un tipo de apósito nuevo para la piel del niño o neonato, se debe revisar las primeras 24 horas.

Dr. Pablo García-Molina
Editor upppediatria.org
Jose Antonio León
Editor upppediatria.org